Biopolítica en los medios de comunicación

«Si no estás prevenido ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido»

-Malcom X

en los últimos años, los medios masivos de comunicación se han convertido en insumos indispensables para nuestra vida. Nos permiten creer que realmente somos libres. Nuevamente, el eterno dilema de la libertad está más presente que nunca. En teoría, la sociedad en la que hoy vivimos es más libre de lo que nunca ha sido, pero ¿es realmente así? No obstante, los medios se desempeñan principalmente en el sistema político de un Estado. A partir de allí, establecen un modelo determinado, generado por el propio sistema. El propósito central de este articulo será el de poner en evidencia el uso que verdaderamente poseen los medios informáticos, más allá del simple hecho de difundir noticias.

Como dije al comienzo, estos medios son necesarios en nuestra vida. Habitualmente, las personas creen que, por realizar publicaciones en una red social sobre ideas poco usuales, son totalmente libres, alegando que están haciendo uso de su derecho humano a la libertad de expresión. Sin embargo, varios pensadores se han encargado de elaborar teorías que podrían ser caracterizadas por muchos como conspirativas, en este aspecto. E. P. Thompson, Malcolm X, Gilles Deleuze, fueron algunos de ellos. En esta última publicación, ocuparé especialmente los postulados de Noam Chomsky, respecto al lugar estratégico que ocupan los medios y su función en la actualidad, en su obra Manufacturing Consent (1988); y Michel Foucault, respecto a la comunicación mediática como forma de poder, en Surveiller et punir (1975).

En primer lugar y para comenzar, dentro del ámbito de las ciencias cognitivas, hallamos al estadounidense Noam Chomsky, filósofo, politólogo y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX. Para este autor, los medios de comunicación actúan como transmisores de mensajes hacia el ciudadano. Cumplen la función de entretener, informar a la población y, sobre todo, impartir valores con el objetivo de moldear el comportamiento de los individuos, conductas que luego les permitirán incorporase a las estructuras sociales. Él sostiene que, para vivir en democracia, los ciudadanos deben estar muy bien informados. Pero en realidad, los medios no informan, sino que dan información guiada. Junto con Edward S. Herman, en Manufacturing Consent, se propone analizar el consenso fabricado por los medios de comunicación en Estados “democráticos”.  Ambos afirman que “en un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal papel requiere una propaganda sistemática” (Manufacturing Consent, pág.:21). Si uno realizara una lectura detallada de lo que allí se expone, se lograra apreciar la evidente intención de demostrar la injusta e incorrecta utilización de los medios de comunicación en favor de intereses ajenos (políticos, económicos o ideológicos) sobre la verdadera finalidad. Debido a esto, ambos pensadores proponen su principal teoría en esta obra, el modelo de propaganda. Generado por el propio sistema socioeconómico, tratan a los medios informativos como empresas interesadas en la venta, en lugar de como medios que proporcionan noticias. Sugieren la existencia de cinco filtros entre el mundo de los acontecimientos y el sujeto. Estas cinco categorías son: el dinero, la publicidad, las fuentes informáticas, el flak (o, también llamados grupos de influencia) y las opiniones “anti-”. Este modelo muestra una esfera pública ideológicamente limitada y política y económicamente manipulada en supuestas sociedades democráticas y libres de coacciones políticas autoritarias. En una entrevista realizada en 1993, Chomsky afirmó que:

» En un Estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras (golpeadores). Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía.

A fines del siglo XIX surge una nueva clasificación para hacer referencia a los medios de comunicación. Normalmente, un Estado se encuentra dividido en tres poderes centrales: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Esta caracterización a los medios, radica en su papel crucial en el funcionamiento de los Estados de derecho y democráticos. Técnicamente, los medios de comunicación no son un poder del Estado, pero dada su gran importancia para el funcionamiento de los otros tres poderes hace tiempo que se le denominó como “cuarto poder”, como si fuera un poder más del Estado. A su vez, los medios son clave para que las empresas incidan en la toma de decisiones, en la vida política. En otras palabras, «los medios invocan la libertad de expresión para defender la libertad de empresa». Más que informar libremente, son usados estratégicamente para incidir en decisiones. Entonces, podemos asegurar que los medios siempre reflejan la percepción del mundo que desean los grupos de poder. Gracias a diversas herramientas estos agentes nos moldean, creando así una sociedad única donde todos piensen lo mismo. Y, mientras más poder acumulen estos grupos, mayor será la manipulación ejercida.

Muchas veces, este manejo pasa inadvertido. En este aspecto, podemos comenzar a hablar de poder mediático, pero caeremos en el discurso diverso sobre qué es el poder. Para abordar esta terminología tan compleja, abordaremos los postulados de un filósofo del siglo XX. Al hacer referencia a la sutilidad en que el poder se puede emplear como forma de dominación, permite abrir un espacio teórico para hacer evidente la vinculación entre el poder y la comunicación mediática.

Pero, ¿qué entendemos por poder? Antes que nada, debemos tener presente que no existe una única forma de manifestación del poder. Recordada la existencia de diversos tipos de poder, esbozamos una definición de poder por cierto foucaultiana, que permite vincular la relación existente entre la comunicación mediática y el poder. De ahí a que el poder se entienda como una red provechosa que pasa a través de todo el cuerpo social. Michel Foucault, filósofo y sociólogo francés, fue quien se encargó de presentar una definición singular para el concepto de poder. Para él, el poder no es (algo), el poder se hace, se ejerce. A diferencia de otros autores, Foucault no ubica al poder en una institución principal, sino que lo sitúa como una forma de funcionamiento social que atraviesan todas las instituciones. El poder es básicamente una relación y se vincula con el saber, con el control de las ideas respecto de lo que es cierto, verdadero, aceptado como válido. En este sentido, ubica la presencia del poder en todas partes: en la escuela, en la relación ente maestros y alumnos; en el hogar, entre los padres y los hijos; en el trabajo, entre los jefes y los empleados. Este funcionamiento del poder implica dispositivos de control y represión de quienes se rebelen contra él, pero fundamentalmente, implica mecanismos de producción de verdad, conocimiento y autoridad.

En este sentido, gracias a los avances tecnológicos y difusión de las nuevas tecnologías informáticas, el sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. En la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los sujetos sobre sí mismos. Con el paso de los años, los medios dejaron de ser portavoces de los ciudadanos. Su poder está en que operan para el relato hegemónico que les conviene, atacando modos de hacer política, crean grietas inexistentes, inventando crisis, entre otros.

Para finalizar, en este contexto, los políticos, los gobiernos y los ciudadanos están condicionados, en su toma de decisiones, por los intereses, tonos y modos que los medios proponen. Señalando, además, la implícita pretensión del embrutecimiento de las masas en pos de los intereses del poder, tal como fuera expuesto por los llamados “maestros de la sospecha”. En definitiva, para no convertirnos en simples autómatas, se debería lograr fomentar el pensamiento crítico desde una edad temprana. A veces esto no se cumple y se escoge un modelo de divulgación y enseñanza tradicional centrado en memorizar y mecanizar, método útil décadas atrás. Este es el principal objetivo que asumimos quienes estamos comprometidos con el pensamiento, promover la capacidad de identificar, analizar, evaluar, clasificar e interpretar lo que está a nuestro alrededor; un modo de pensar que siembra la autorregulación y ayuda a identificar soluciones, una «habilidad del siglo XXI».

Maidana Pelizza, Tobías A.

Bibliografía

  • Los guardianes de la libertad, 1988, Noam Chomsky y Edward S. Herman.
  • Política y ciudadanía, Teresa Eggers-Brass, Natalia Lardiés, Hilario Moreno del Campo, Natalia Calcagno, 5° año Secundaria, editorial Maipue.
  • Medios de comunicación, ¿al servicio de quién?, Serie Cultura, comunicación, arte y de-colonialidad en el Sur global, Icaria Editorial, 2019, Jesús González Paso.

Webgrafía

Deja una respuesta