La filosofía: pensamiento y vida.

Hegel de quien este año celebramos el 250 aniversario de su nacimiento decía refiriéndose a la filosofía: “el búho de Minerva levanta su vuelo al atardecer”, y  en una interpretación ligera y descuidada podríamos interpretar que es propio de la filosofía llegar tarde a todos lados.., que su esencia se jugaría siempre en un después..

Los grandes pensadores no esperaron al mundo para pensarlo sino que lo pensaron para actuar en él, mientras el mundo estaba siendo ellos eran con el mundo y en el mundo.., eran dentro de su tiempo.., apropiándolo; aquello del tiempo kairós.., un tiempo propicio, apropiado en cuanto comprometido y en ese sentido, inexcusable.

La filosofía llama desde las experiencias reales y concretas del existente… , el ser humano consciente de su humanidad..; lo llama ahí donde debemos crear el paréntesis para ir más despacio, darle lugar y tiempo al pensamiento, y comprobar que la vida si no es meditada hasta la médula tampoco se experimenta humanamente.

Si no hacemos filosofía en tiempos críticos tampoco nos sentimos existir en lo más propio de nuestro “estar siendo”, en la más inherente manera de existir.., la de jugarnos la propia vida cuando así la hemos pensado, imaginado, buscado, querido.., soñado…; y la filosofía se juega en eso de exponerse, de sentir miedo.., pero aún y sobre todo entonces levantar la cabeza y abrir los ojos.., no solo cuando ha pasado la tormenta, no solo después del desamparo, sino en el desamparo mismo, en aquella angustia de verse impelidos a pensar…: solo se siente la vida como propia al encarar la incertidumbre con el pensamiento despierto…

“Configurar nuestro mundo en el mientras y no en el después”, en el tiempo presente.. porque nuestras vidas son aquí y ahora..

La filosofía es siempre pasión.., es una búsqueda incesante, aparentemente in-útil, pues como lo dice Heidegger este mundo tal como lo conocemos solo entiende lo útil “como aquello que implica un uso práctico e inmediato para fines técnicos…, aquello que pueda usar para hacer negocios y producir..”  Se cuenta que Socrátes, cuando fue condenado a muerte, y antes de beber la cicuta, practicaba en su flauta una melodía que quería aprender.., y cuando le preguntaron ¿para qué te servirá esto?  contestó muy tranquilamente: “ para saber esta melodía antes de morir”  ¡Cuán paradójico resulta que frente a los momentos más profundos de la vida y en el instante de soltar lo in-esencial, lo aparentemente in-útil  podría ser tal como entendía Heidegger, lo curativo, en el sentido de lo más valioso, lo que te cura el alma.., lo que no tiene medidas, ni precios.., lo que resulta inefable.. inatrapable, inadecuable.., aquello que te sacude desde tus certezas y te conmueve en tu existir…

Qué hace la filosofía..,  pues te corre de tu comodidad.., te empuja a la aventura de encontrarte.. te palmea el rostro y te recuerda que las ideas impuestas no son ideas.. que deben pasar por la reflexión.. y que este es un proceso doloroso.., incómodo. Sentir el tiempo presente y adueñarse de él es atreverse a pensarse a sí mismos, a sí mismas.., sentirse siendo en el aquí y en el ahora..

¿Para qué sirve la filosofía? pues nos obliga a estar en guardia.., a cuestionar el mundo que no es negarlo, sino pensarlo mejor, imaginarlo mejor..,  re-crearlo, vivirlo..

Te recuerda siempre otra vez tu compromiso con el misterio de tu propio ser – en – el – mundo.., existiendo.., y te dice: ¡Oye..! ¡No te acostumbres a vivir…!

Porque finalmente… y recuérdenlo bien… VIVIR NO ES LO MISMO QUE DURAR…

Arliette Cabrera Puentes

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